No como un ejercicio de ego. Más bien como un acto de transparencia con quienes me han acompañado en distintos momentos de este camino.
Porque la verdad es que LinkedIn muestra cargos, títulos, publicaciones. Pero rara vez deja ver lo que conecta todo eso. Y a los 50, uno siente la necesidad de contar esa historia con más honestidad.
Soy médico. Esa es la raíz. Me formé para estar frente a un paciente, escuchar, examinar, decidir. Y aunque hoy mi consulta no tiene camilla ni estetoscopio, todo lo que hago sigue naciendo de esa formación clínica. La mirada del médico no se pierde: se transforma.
Hace más de dos décadas tomé un camino que en ese momento pocos entendían. Me dediqué a la salud digital cuando el concepto ni siquiera existía en Chile. Trabajé en el Ministerio de Salud en los primeros proyectos de historia clínica electrónica, y luego asumí la dirección de Rayen Salud, donde hoy lideramos un sistema que acompaña la atención de 14 millones de personas. Eso no es tecnología: es responsabilidad clínica a escala.
También escribo. Llevo tres libros publicados que nacen de la misma inquietud: cómo hacemos para que la tecnología sirva a las personas y no al revés. Desde la apropiación social de la tecnología en salud, pasando por la inteligencia artificial en la práctica clínica cotidiana, hasta una reflexión más íntima sobre el amor como fuerza terapéutica. Escribir me obliga a pensar con más rigor y a compartir lo aprendido.
Soy vicepresidente de Pro Salud Chile, donde trabajo con colegas del sector para que la salud digital sea una conversación de política pública y no solo de mercado. Y tengo el privilegio de participar como conferencista en foros internacionales, compartiendo lo que hemos construido en América Latina con quienes enfrentan desafíos similares en otras latitudes.
Todas estas facetas, el médico, el directivo, el autor, el dirigente gremial, el conferencista, son expresiones de una misma convicción: la tecnología en salud solo tiene sentido cuando se diseña desde la clínica, se implementa con ética y se evalúa con mirada social.
Hace poco lancé mi sitio web personal. No como vitrina, sino como un espacio donde estas distintas dimensiones puedan convivir y donde quienes quieran conocerme un poco más allá del cargo puedan hacerlo.
A los 50, uno no tiene todas las respuestas. Pero sí tiene mejores preguntas. Y la certeza de que el camino vale más cuando se comparte.
Publicado originalmente en LinkedIn.


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